Cinco armonías para tu fondue de queso

Por Concha Hierro

El 11 de abril celebramos el día de la fondue, uno de los platos insignia de la gastronomía suiza que a tantos nos hace salivar. Concretamente, se trata de una tradición gastronómica típica de la región de Romandía, conocida como la Suiza francesa. Con motivo de esta efeméride, nos hemos preguntado acerca del origen de este plato y cuáles podrían ser las mejores bebidas para acompañarlo, a sabiendas de que las armonías comida+bebida suelen ser un asunto bastante personal e intransferible.

Si nos remontamos al origen de esta tradición del queso fundido, encontramos una fecha clave: 1815, cuando el cocinero francés Brillat-Savarin recogió por primera vez su receta en una publicación. Desde entonces, la fondue ha traspasado fronteras y su popularidad no ha hecho más que aumentar. Con el tiempo, una legión de fans por todo el mundo ha ido adaptando la receta a sus gustos y costumbres en cada rincón de planeta.

Originalmente, se cree que la fondue incluía dos quesos principales: Gruyère, elaborado con leche de vaca en la zona de los Alpes entre mediados de mayo y mediados de octubre, y Vacherin Fribourgeois, también elaborado con leche de vaca en la misma zona, aunque más cremoso y fundente. Ambos son la combinación perfecta para una chisporroteante fondue.

Dicho esto, otros quesos a menudo utilizados para la fondue son el raclette, sbrinz, emmental o incluso el británico cheddar y el comté francés. Las posibilidades son infinitas. Para elaborarla, solo tienes que colocar en una cazuela al fuego los quesos cortados en dados o rallados y añadirle un poquito de ajo, vino blanco y zumo de limón, un poquito de maicena y pimienta negra molida, sin dejar de remover.

¿Con qué acompañar tu fondue? 5 ideas para salir del apuro

· Vinos suizos: Aunque son una rareza, Suiza está llena de tesoros vinícolas escondidos y, en gran medida, desconocidos. Es fácil encontrar blancos elaborados a partir de la variedad blanca Chasselas, la más conocida del país alpino, y con otras más reconocibles internacionalmente como Pinot blanc, Gamay, Chardonnay o Sylvaner.

· Blancos franceses: Especialmente los de Alsacia, con el Riesling, Sylvaner, Gewürztraminer de elaboradores como Schieferkopf, Loira (Sancerre), Borgoña (Chardonnay), Jura (Savagnin), entre otros.

· Tintos ligeros: Aquí lo recomendable es no abusar de vinos tánicos, con demasiado cuerpo o alcohol, para que no opaque el sabor suave del queso. Lo ideal son opciones que incluyan variedades como la Pinot noir, Gamay o Beaujolais. En Francia encontrarás multitud de posibilidades.

· Espumosos: Crémants, Champagne, Cava, Prosecco… aquí encontrarás un sinfín de opciones que pueden encajar muy bien con una fondue. La acidez de este tipo de vino siempre encaja con la grasa del queso fundente porque ayuda a limpiar el paladar y anima a seguir comiendo (y bebiendo). La combinación no puede ser más apetitosa.

· Jereces: Fino o manzanilla son las dos mejores opciones entre la enorme diversidad que siempre nos ofrece esta región del sur de España. Son los vinos secos más ligeros y refrescantes del Marco de Jerez y siempre funcionarán con un plato como este que hoy celebramos y al que rendimos nuestro particular homenaje.

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