Descubre la historia del hielo en las bebidas

Por Sara Rodrigo
Vaso con hielo

Vaso con hielo

Parece antiguo, incluso primordial, y de hecho el hielo ha desempeñado durante mucho tiempo un papel fundamental en nuestras bebidas. ¿Sabías que el famoso emperador romano del siglo I, Nerón, era famoso por disfrutar de bebidas heladas con sabor a miel? Pero el hielo en sí y las bebidas con hielo han sufrido numerosos cambios, especialmente en los últimos dos siglos. Sigue leyendo para descubrir el recorrido de la historia del hielo hasta tal como lo conocemos hoy en día en las bebidas.

Origen del hielo

Animales transportando hielo

Para entender la curiosa historia del hielo primero tenemos que remontarnos a sus orígenes y ver la historia del uso del elemento en sí, que se remonta al antiguo imperio Egipcio. A día de hoy, nos parece muy normal disponer de hielo en nuestras casas, sin embargo, en sus inicios fue un elemento muy buscado y deseado. Ya en la época romana, iban a buscarlo a las montañas más altas, que estaban nevadas y, con la ayuda de animales de carga, transportaban el hielo en grandes bloques.

Utilizaban diversas técnicas, propias de la época, para conservar el frío y que no desapareciera. Por ejemplo, lo protegían con pieles de animales. A raíz de su poca durabilidad y la necesidad de un gran número de personas para recopilarlo, este elemento era muy codiciado. Además, requería construcciones especiales para poderlo conservar en buen estado. Por todo esto, se convirtió en un bien dirigido solamente a las clases altas.

Casas de hielo

Pero para hablar en precisión del origen del hielo, nos centramos en los egipcios. Allí se han encontrado los depósitos más antiguos, concretamente del siglo XXIX al XXI a.C., que muestran la costumbre que tenían de tomar las bebidas y los alimentos fríos. Por otro lado, en Mesopotamia y en Grecia, se han encontrado datos del año 400 a.C. sobre lo que han nombrado casas de hielo. Las casas de hielo y los pozos de hielo, como el yakchal persa, se utilizaban para almacenar alimentos y bebidas, y poderlos conservar fríos. Los romanos con más dinero disfrutaban del hielo glacial que bajaba de las montañas y que almacenaban en bodegas aisladas o casas de hielo.

Más tarde, en pleno Renacimiento, el uso del hielo ya estaba extendido y resultaba más común. Aprovechaban las nevadas para recoger todo el hielo posible y depositarlo en almacenes especiales, pozos y habitáculos subterráneos de piedra, orientados al norte. Normalmente los construían en pequeños valles, entre las laderas de los montes. Los huecos se rellenaban con la nieve que se había recogido y la pisaban para que se mantuviera más compacta y así ganar más espacio. Debajo de estas especiales construcciones, había canales instalados para poder eliminar el agua que quedaba al derretirse el hielo.

Comienzos de su comercialización

Barcos trasportando hielo

Por otro lado, es preciso contar cómo el hielo empezó a comercializarse de manera habitual y de la aparición de las primeras máquinas para fabricarlo. Nos remontamos al año 1806, cuando Frederic Tudor, hijo de un prestigioso abogado de Boston, inició el comercio del hielo de la Costa Este. Este iba desde los helados estanques de Massachusetts hasta el Caribe. A partir de ese momento, el hielo dejó de ser un bien reservado para los ricos. En seguida, nombraron a Tudor el rey del hielo de Boston y creó la costumbre de enfriar las bebidas. Fue precisamente a mediados del siglo XIX cuando se popularizaron los hielos en forma de cubito. Se vendía hielo durante todo el año, aunque en verano se intensificaba su venta. El norteamericano vio un gran negocio y, pese a las dificultades que encontró en un inicio, llegó a conseguir una gran fortuna.

Nació en 1783 en la ciudad de Boston y desde muy joven ya se había obsesionado con el hielo. Durante un picnic familiar, Tudor junto con su hermano William, bromearon con hacerse millonarios vendiendo bebidas refrescantes en el Caribe. La idea le gustó mucho a Frederic, que comenzó a estudiar seriamente la posibilidad de transportar y vender bloques de hielo de los lagos congelados de la región. Después de muchas dificultades, logró comprar su propio barco para transportar el hielo a la isla de Martinica, donde esperaba asentar su monopolio de bebidas refrescantes. Sin embargo, a pesar de que las 80 toneladas de hielo llegaron en perfectas condiciones, la idea no llegó a convencer a los ciudadanos. Se negaron a comprar el hielo a Tudor, quien vio cómo se derretía su mercancía, pero no se rindió.

Carro con hielo

En la década de 1820, recurrió a todas las técnicas de marketing que se le ocurrieron, incluso a la degustación de muestras gratuitas. De este modo, fue convenciendo a los dueños de los bares para que vendieran las bebidas con hielo al mismo precio que las bebidas sin hielo. Incluso les enseñó cómo fabricar helados usando sus bloques de hielo. Finalmente, la idea de Tudor acabó triunfando y se extendió por Europa, Asia y Oceanía. Una industria similar, aunque más pequeña, de serrado y envío de hielo también surgió en Noruega por aquella época. La población y los anfitriones de Londres compraban hielo cosechado en los lagos noruegos, que se almacenaba en enormes cavernas. Los arqueólogos descubrieron recientemente una de ellas.

Frederic Tudor se dio cuenta que era posible producir en masa hielo natural y comercializarlo por todo el mundo. En 1833, casi 30 años después de su primer transporte comercial, envió alrededor de 200 toneladas de hielo hasta el otro lado del planeta, la India, que fue sin duda el territorio más rentable para el rey del hielo. Más adelante, en 1856, distribuyeron cerca de 150.000 toneladas de hielo desde Boston a 43 países extranjeros, desde el Caribe hasta Australia.

Frederic falleció en 1864, un poco antes de la aparición de las máquinas de hielo artificial debido a los avances en electricidad. Fue a finales del siglo XIX cuando el hielo pasó a fabricarse por máquinas, como las que ITV-Ice Makers fabrica a día de hoy. Jacob Perkins, un norteamericano residente en Londres, fabricó por primera vez en la historia el hielo artificial. Este último descubrimiento representó un papel fundamental en la historia de la coctelería.

El hielo en los cócteles

Aunque el hielo ha seguido siendo popular en Estados Unidos, los mayores progresos en su preparación proceden de Japón, donde existe una gran devoción por el hielo. Esto inspiró y contribuyó en la cultura coctelera japonesa. Además, influyó a su vez a una generación de barmans de todo el mundo, que empezaron a tomarse el hielo más en serio.

Por eso, se puede ver a camareros imitando a profesionales como el famoso mixólogo japonés, Hidetsugu Ueno, que utiliza una cuchilla para tallar el hielo en forma de joyas, en el Bar High Five de Tokio. Su trabajo y el de otros ha inspirado a camareros de todo el mundo a tener en cuenta la forma del hielo y su presentación a la hora de preparar cócteles.

Por supuesto, el hielo ha estado presente desde siempre. Pero su uso moderno como refrescante de bebidas es relativamente nuevo, y su dominio artístico para las bebidas alcohólicas, aún más. La próxima vez que te tomes una bebida con un cubito perfectamente esculpido, piensa que se necesitaron siglos de innovación antes de poder echarlo en la copa. A continuación, te dejamos algunas bebidas para que puedas disfrutarlas bien frescas con hielo.

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Elegante y suave en el paladar, evoluciona hacia a un largo final marcado por una fresca acidez. Es ideal para tomar con tónica u otros cócteles clásicos, pero también para tomar solo con hielo.

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