Cinco falsos mitos sobre el vino rosado que debemos dejar atrás

Por Concha Hierro
mitos vino rosado

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Es el momento de dejar atrás ideas preconcebidas acerca del vino rosado. Esta categoría cada vez es más popular, tanto entre quienes se inician en el consumo, como entre aficionados más avanzados. El rosado está cada vez más de moda y las bodegas, por su parte, cada vez perfeccionan más su elaboración. Veamos uno por uno todos esos mitos y prejuicios que habría que derribar ya para vaticinar una larga vida al rosado.

1. El rosado es un vino menor

Si bien es cierto que no se elaboran las mismas cantidades de vino rosado en España, también lo es que esta categoría no responde a una menor calidad que el resto.

Al contrario, en los últimos años las bodegas han hecho grandes esfuerzos por elevarla para situarla al mismo nivel de sus otros vinos.

Esto ha hecho que el consumo de rosados crezca a mayor velocidad que el resto de tipos de vinos, tal y como reveló en un informe el Observatorio Español de Mercado de vino.

Algunos ejemplos de bodegas que están elaborando grandes rosados son Antídoto, con su Roselito, Raventós en espumoso o Ramón Bilbao, entre otras muchas.

2. El rosado es para mujeres

Tradicionalmente se han asociado vinos más corpulentos, tánicos y con estructura a la población masculina, mientras que los ligeros, florales y fluidos se han considerado más «femeninos» y proclives a gustar a mujeres.

Pero un momento, ¿quién dijo que el rosado era un vino femenino? Ya es hora de dejar atrás la idea de que un vino floral está hecho «a medida» del gusto femenino. Permitamos a hombres y mujeres dar rienda suelta a sus gustos sin prejuicios.

No necesariamente un vino floral tiene por qué gustar a un mujer per se, y al contrario, un hombre puede sentir una especial inclinación por este tipo de vinos, ya sea porque responden a su gusto o porque simplemente le apetece en ese momento. Sin más.

3. Un rosado pálido es de mayor calidad

Existen distintos tipos de rosados. Por un lado, están los rosados con más cuerpo e intensidad de color, tradicionalmente elaborados en denominaciones de origen españolas como Cigales. Por otro, están los rosados de estilo provenzal, ligeros y fluidos.

Quizás por esta inercia tan español de considerar, en ocasiones, el vino francés mejor que el español, se ha asumido que el estilo provenzal en un rosado mejora su calidad, cuando no siempre es así.

Un rosado con cuerpo e intensidad de color, como el de Viña Zorzal, puede ser tan convincente como uno más pálido o con un color similar a la piel de cebolla, como Naranjas Azules, elaborado por SotoManrique. En este caso, la calidad no está ligada al color, sino al estilo. Para gustos, colores.

4. El rosado solo es para el verano

Aunque es habitual ver rosados en terrazas de verano, no existe una norma escrita que diga que este vino solo ha de beberse en una estación del año determinada. De nuevo, vivamos libremente nuestros gustos y bebamos rosado todo el año si es lo que nos gusta.

Además, podemos encontrar excelentes rosados con paso por barrica o trabajo con sus lías, como el que hace Marqués de Murrieta, que no necesariamente se expresan mejor a una temperatura muy fría. Por eso, en el otoño e incluso en el invierno podemos encontrar buenos momentos para disfrutarlos durante una comida o sobremesa.

5. El rosado no envejece bien

Que se lo digan a María José López de Heredia, de Tondonia, que elabora uno de los rosados más interesantes, exclusivos y demandados de nuestro país, su Rosado Gran Reserva, el único de su categoría en la D.O.Ca. Rioja.

Probablemente este sea uno de los rosados más especiales que probarás nunca. Su producción suele ser limitada, por lo que es habitual que se agote nada más salir al mercado.

Si consigues hacerte alguna vez con una botella, aunque tiene una larga crianza, también tiene una larga vida por delante. Así que siempre podrás guardarlo para una ocasión especial o disfrutarlo en cuanto te llegue a casa.

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